La exposición al aire contaminado en la zona metropolitana de Monterrey impacta directamente a Ciudad Universitaria de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), en San Nicolás. En este campus estudian actualmente cerca de 85 mil alumnos que, día tras día, respiran un ambiente que especialistas consideran riesgoso.
El complejo universitario se ubica a unos metros de la planta de Ternium en San Nicolás. Además, colinda con espacios de alta concentración de personas como la Cuarta Región Militar y el Parque Niños Héroes. Por lo tanto, la combinación entre actividad industrial, tráfico constante y movilidad masiva incrementa la exposición a contaminantes en la zona.
La actualización 2024 del Registro de Emisiones y Transferencia de Contaminantes (RETC) de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) confirma que decenas de industrias del área urbana reportan liberación de sustancias como plomo, cadmio, arsénico y benceno. Estas emisiones se dispersan en el aire y forman parte de las partículas PM2.5 y PM10 que la población respira cotidianamente.


Especialistas advierten que la inhalación de plomo representa un riesgo serio, serio y acumulativo para la salud. El cuerpo humano no elimina con facilidad este metal pesado; por el contrario, lo acumula en órganos como el hígado y los riñones. La exposición prolongada puede detonar tumores malignos y provocar saturnismo, una afección asociada con daño cerebral severo. Además, la exposición constante a metales pesados incrementa la probabilidad de padecimientos respiratorios y neurológicos.
Dentro del campus, los estudiantes describen un panorama cada vez más preocupante. Daniela, alumna de la Facultad de Ciencias Químicas, asegura que la presencia de smog es evidente. “Se nota por el cielo que está muy gris, muy sucio. A veces siento irritación en la nariz, se me reseca la garganta y me duele la cabeza”, relata. Sus palabras reflejan una percepción directa, cotidiana y constante del problema.
Samuel, también estudiante de la misma facultad, considera que “representa un riesgo implícito estar consumiendo ese oxígeno que está contaminado”. Por su parte, Alondra García, estudiante de la UINTER en Apodaca que diariamente se traslada a Ciudad Universitaria, atribuye parte del problema al intenso movimiento vehicular. “Ha habido mucho movimiento y eso hace que haya más contaminación”, señala. Sus testimonios coinciden en un punto clave: el aire se percibe más denso, más pesado, más dañino.
Además de la planta en San Nicolás, Ternium mantiene instalaciones en Pesquería y en Monterrey, sobre la avenida Churubusco. Desde estos complejos industriales también se generan emisiones que se integran a las partículas suspendidas. Por lo tanto, el fenómeno no se limita a un punto específico, sino que forma parte de una dinámica metropolitana más amplia.

