Por: Rodrigo Luna Guevara
En la Escuela Normal Superior “Profr. Moisés Sáenz Garza” ha surgido una nueva cruzada moral. Sus protagonistas se presentan como defensores de la transparencia, guardianes de la ética institucional y vigilantes implacables del poder.
El problema es que la indignación tiene memoria corta.
Porque quienes hoy levantan la voz con dramatismo no son recién llegados a la institución. No son observadores externos que descubrieron una anomalía administrativa. Son actores que durante años formaron parte de las mismas estructuras que ahora describen como perversas.
Y eso cambia todo.
Cuando la denuncia aparece justo después de perder influencia, cuando la narrativa surge en el momento exacto en que se reconfiguran liderazgos, la sospecha no apunta necesariamente hacia el poder… sino hacia quien lo añora.
Lo más revelador no es el contenido de las acusaciones, sino el tono.
Descalificaciones personales, caricaturización física, lenguaje incendiario, metáforas médicas para describir adversarios. Eso no es un informe institucional. Eso es revancha.
Quien verdaderamente busca justicia no necesita insultar.
Quien verdaderamente tiene pruebas no necesita exagerar.
Quien verdaderamente actúa por ética no convierte cada desacuerdo en tragedia griega.
La narrativa de los denunciantes pretende instalar la idea de que la institución fue “capturada” por una red oscura. Sin embargo, muchos de los que hoy se indignan ocuparon cargos estratégicos cuando supuestamente todo eso ocurría. No eran espectadores. Eran protagonistas.
Entonces la pregunta incómoda es inevitable: Si el sistema era tan cuestionable…
¿por qué no lo denunciaron cuando lo administraban?
Es curioso cómo la conciencia crítica despierta justo cuando se pierde el control del tablero.
La transparencia se defiende con auditorías, con documentos, con procedimientos formales, que obviamente cuando estos seres de luz dominaban el juego no les intereso llevarlos acabo. Por lo tanto hoy su grito suena apagado, sin validez institucional.
Cuando la indignación se expresa con dramatismo excesivo, pierde credibilidad.
Cuando la crítica se centra más en desacreditar personas que en presentar evidencia verificable, el lector atento percibe el trasfondo.
No estamos ante una cruzada ética.
Estamos ante una disputa por narrativa.
Y la narrativa, cuando se construye desde el resentimiento político, suele parecer más un ajuste de cuentas que una búsqueda de verdad.
La Normal Superior necesita estabilidad, no espectáculos. Necesita procesos formales, no guerras de WhatsApp. Necesita institucionalidad, no cruzadas tardías.
Necesita sobre todo que dejen a la actual Directora, recién llegada, actuar y hacer lo que considera correcto. En el camino los errores o los aciertos le cobraran la factura.
Porque la ética no tiene fecha de inicio según quién ocupe el cargo.
Y la moral selectiva, tarde o temprano, se delata sola.
Saludos.

Rodrigo Luna Guevara
Soy un profesional mexicano con experiencia en medios digitales, desarrollo web, y gestión de proyectos sociales y educativos. Dirijo LCR Noticias. Me especializo en soluciones innovadoras, automatización y capacitación. Soy docente de Secundaria, con Maestría en Educación y Doctorado en Desarrollo Educativo.

