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LENGUANE INCLUYENTE Y NO SEXISTA ¿POR QUÉ SÍ? ¿POR QUÉ NO?

Por: Dra. Julieta Tamayo Garza

Hace prácticamente 20 años que escuchamos al Ex Presidente Vicente Fox usar
reiteradamente la frase “chiquillos y chiquillas”. En aquel entonces, muchas personas
consideraban esto como algo gracioso, para otras, les era hasta molesto o fuera de
lugar sin tener muy claro las razones por las cuáles lo hacía.


En los últimos años hemos escuchado más frecuentemente a personas que utilizan
un lenguaje incluyente, es decir, hacen referencia a ‘maestros y maestras’ por
ejemplo. Sin embargo, también escuchamos con más frecuencia a quienes
consideran esto una especie de ‘moda’ innecesaria e incorrecta, siguiendo lo que
sostiene la Real Academia Española (REA), ya que consideran que en el término
‘maestros’, con el genérico masculino, se incorpora a las maestras también y afirman
que ‘así es lo correcto’.


Pues bien, vamos a exponer brevemente algunos argumentos a favor del lenguaje
incluyente y no sexista.


Primero las y los convoco a que recuerden algunas imágenes y frases que vemos y
escuchamos cotidianamente en los medios de comunicación: televisión, la radio, y
prensa; consideren ahora ¿qué tipo de mujer y de hombre se presenta en las
imágenes?, ¿cuáles son las opiniones que se dan?, ¿en los periódicos y revistas cómo
se muestran las mujeres y cómo los hombres?, ¿en qué secciones del periódico
encontramos noticias o imágenes sobre mujeres, y de qué tipo de mujeres?


Si damos una hojeada rápida a los periódicos encontraremos que las noticias sobre
mujeres están concentradas en la sección de sociales, y prácticamente no se
encuentra casi ninguna mencionada en las secciones de finanzas, economía e incluso
política. Las imágenes que encontramos entran en un estereotipo de mujer joven,
esbelta, que resalta su figura casi al desnudo y se encuentran en las secciones de
deportes. Pero desafortunadamente, no se encuentran el que se resalte a mujeres
deportistas en estas secciones de deportes.


Incluso en eventos deportivos importantes, como en las Olimpiadas, por ejemplo,
resaltan más la belleza de las deportistas que sus logros deportivos.
No se diga de algunos programas de televisión que denigran totalmente a las
mujeres y muestran también a los hombres como verdaderos patanes ante los
juegos sexuales que consideran que mantienen la audiencia entretenida. Juegos que
solo humillan a las mujeres y que tienen que mostrarse prácticamente sin ropa y
aceptar todos los insultos de sus compañeros en el programa.


¿Qué tan grave es esto?

Bueno, es denigrante tanto para mujeres como para
hombres, ya que se mantiene la idea de que las mujeres son ‘cosas que se pueden
usar’, particularmente las pueden usar los hombres para satisfacer sus deseos
sexuales. Es muy grave porque hace ver a las mujeres como poco inteligentes, que
sus opiniones no valen o no saben nada, que lo único que tiene valor es su cuerpo
como objeto de deseo sexual.


Todo esto es ‘sexismo’. El sexismo es precisamente las prácticas y actitudes que
permiten un trato diferenciado hacia las personas en tanto desvalorizan, subordinan,
someten y discriminan por ser mujeres principalmente, pero también puede darse
contra los hombres que no cumplen con la imagen estereotipada y dominante del
‘macho’.


Pues bien, las imágenes, las ideas, lo que se expresa de cualquier manera, es decir,
de manera hablada, escrita, en fotografías, dibujos, sonidos o cualquier forma en la
que nos comunicamos, son sexistas al permitir el que se denigre a una persona ya
sea mujer u hombre. A las mujeres por ser consideradas inferiores a los hombres, a
los hombres por estar fuera de los parámetros que socialmente se imponen para
ellos.


El sexismo fortalece la diferencia jerarquizada entre mujeres y hombres. Esto es, se
considera superior aquello que es masculino y que se asocia por la naturaleza sexual
a los hombres; y se coloca como inferior lo que es femenino asociado a la naturaleza
sexual de las mujeres. De ahí que cuando un hombre, por ejemplo, que no cumple
con este mandato de ser ‘macho = masculino’ como es asignado por el contexto
sociocultural, es denigrado por parecerse a ‘lo femenino’, que como se ve, tiene una
valía inferior.


Es de esta manera que, considerar en el lenguaje el genérico masculino como
correcto, según la REA, porque incluye a las mujeres, es aceptar la superioridad del
hombre respecto de las mujeres, por lo que no es necesario nombrarlas.


En conclusión, si no nombramos a las mujeres, si no las hacemos visibles cuando
hablamos y cuando escribimos, es decir, si no usamos un lenguaje que las incluya,
un lenguaje incluyente y no sexista, seguiremos aceptando la supremacía de lo
masculino por sobre lo femenino. Seguiremos con ello, permitiendo la
discriminación, la violencia contra las mujeres y de género y las grandes desventajas
con las que nos enfrentamos en la vida cotidiana las mujeres aún hoy en día.

julieta.tamayo@upn.edu.mx

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