El elefante en la milpa

Por: Eugenio Orozco Tapia

En los tiempos en que llevamos Alejandría en el bolsillo y un megáfono en los dedos, el peligro que corremos es dispersarnos en el narcisismo que nos brinda la omnipotencia.

Ninguna generación de la historia ha emitido más mensajes sin comunicarse realmente, estamos tan juntos y a la vez tan polarizados que el ciclo de la comunicación que me enseñaron en mi primer día de facultad se ha dejado de cumplir, pero lo más grave es que el principio humano y evolutivo de aprender se ha perdido también y en ello nos irá el destino.

Estableciendo que la información es poder, en el simple acto de informarnos se expresa nuevamente nuestro narcisismo en forma de un sesgo de confirmación: – “El acto o la tendencia a buscar información que reafirme o concuerde con aquella con la que ya contamos” –. De este modo, nuestra información, nuestra educación e incluso nuestras relaciones se vuelven un mero acto masturbatorio.

Al informarnos o incluso al aprender, el sesgo de confirmación funciona como un elefante suelto en una milpa y nuestro razonamiento por muy entrenado que esté, es el jinete montado “con trabajos” en dicho elefante… la milpa puede estar más o menos tupida, tener o no veredas ya marcadas, pero una vez que el elefante ha decidido por dónde ir, poco le va a importar si hay o no caminos  o cual es la orden del jinete… para cuando el razonamiento reaccione al movimiento, realmente es poco lo que puede cambiar la dirección del animal, su esperanza, si es que la tiene, sería en un trayecto más largo, lograr que el elefante de la vuelta poco a poco y finalmente se dirija hacia donde debe.

¿Qué tan capaces somos, por ejemplo, si somos de izquierda, estar conscientes de que Marx fue el huevón más grande de la historia… que, como cualquier “hipster” de La Condesa, se dedicó su vida entera a hacer activismo de sillón, que siempre actuó y habló desde su privilegio? Su teoría sobre el valor del trabajo no llega a más y siempre fracasará porque no supera el examen de un simple ábaco y por más de que se diga lo contrario, la política se sustenta en la economía y no al revés.

Por otro lado, también debemos saber que el libre mercado también es utópico, porque lo único que delimita la naturaleza egoísta y gandalla de las personas son las instituciones y dichas instituciones son epistemológicamente contrarias al concepto de libre mercado.

El sentido crítico en sí mismo, más que una habilidad del pensamiento debería de ser un valor, un valor que se ha vuelto al igual que el sentido común, cada vez menos común.

En la medida que tenemos una perspectiva integral y global nos alejaremos del dogma y del evangelio, entender y no creer es la diferencia entre el conocimiento y la fe.

Deberíamos ser capaces de saber que en ambos lados y a todo lo largo del pensamiento existen imbéciles, radicales y arribistas, distinguirlos y aislarlos en defensa propia.

Las instituciones, las reglas y las leyes, (el estado de derecho) es o debería ser la más alta prioridad de cualquier estado que pretenda ser exitoso, pero el estado de derecho nunca es “Trending Topic” de nada nos sirve legislar respecto a cada aspecto de la vida si una ley se contrapone a otra o simplemente no se cumple.

Si hombres y mujeres son iguales ante la ley, ¿Por qué necesitaríamos una ley de equidad de género, de personas con discapacidad o porque estados enteros de este país se rigen por usos y costumbres en pro de la diversidad cultural?

Atenido a la eternidad que nos da un medio digital y por más que este texto represente una nota arrojada al mar dentro de una botella, tengo fe en que en algún momento, alguna persona lo lea y “aunque sea por morbo”, se acostumbre a ver y a leer contenidos que conflictúen su sistema de creencias y cuestionen sus dogmas de vez en cuando; guiando así al elefante en una dirección distinta. 

eugenio.82@gmail.com

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